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Viajar sola no significa estar sola

 

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos.”-Carlo Dossi

Recuerdo que cuando era niña, tantas veces me sentía como la oveja negra del grupo en la escuela, me sentía sola y alejada de los demás. Sentía que no era capaz de tener muchos amigos, me sentía rara, fuera de lugar, como si todos los demás fueran tan distintos a mí y yo no pudiera encajar. Años después, comprendí que verdaderamente no era yo la del problema, entendí que no tiene nada de malo ser diferente y que la soledad es algo que al final muchas veces nos enseña más de lo que pudiéramos creer.

Nunca he sido una mujer que sea súper sociable, o con miles de amigos y siempre me he considerado alguien diferente. De hecho, muchas veces me cuesta trabajo relacionarme con las personas nuevas que conozco o hacer nuevos amigos. Me considero una mujer introvertida y tímida, a la que le encanta hacer cosas que no a muchos les gusta hacer, y disfruta muchísimo de pasar tiempo a solas.

Vivimos en una sociedad que tantas veces condena lo diferente, aquello que sale de lo “normal” o “socialmente aceptado”, y una de estas cosas es la soledad, hasta llegar a pensar que es algo malo o algo que deberíamos de evitar a toda costa. Algunas personas simplemente no pueden lidiar con su propia soledad, y es a la vez algo a lo que le temen más que a nada.

El pasar tiempo a solas es algo que no a muchos agrada, y le huyen a toda costa. Incluso, muchas veces podemos tomar decisiones basándonos en el únicamente “no quiero estar solo”, y vaya, creo que al final es entendible el querer sentirnos acompañados, amados, que alguien disfrute de estar a nuestro lado, y no tiene nada malo.

Lo que sucede muchas veces, es que estamos tan enfundados en esta idea de “siempre necesitar estar acompañados”, que no solemos prestarle importancia al poder disfrutar de nuestra propia compañía. Pero a veces el temor a quedarnos solos es tan grande, que vamos por la vida negándonos esa oportunidad.

Cuando la soledad se refleja en algo tan general, como lo son los viajes, es algo que suele generar muchos puntos de vista y comentarios. El poder emprender un viaje en solitario ha sido por muchos años algo que las personas pensaban “exclusivo de hombres”, porque simplemente no veían a una mujer viajando sola por el mundo.

Primero que nada, hace mucho tiempo que las mujeres viajamos solas, no es algo que sea últimamente una tendencia o esté de moda. Obviamente el mundo ha evolucionado, y hoy en día hay más facilidades para que una mujer se pueda sentir cómoda y segura viajando sola, pero no es algo que solamente personas osadas o extrovertidas puedan hacer.

El viajar sola como mujer es una actividad que hoy día sigue generando mucha controversia y un montón de comentarios de todo tipo. Para los que se quedan, es algo que solamente involucra peligros desmedidos, locura y que genera mucha sorpresa y asombro total, como si de una enorme hazaña se tratara. Para las que nos atrevemos a irnos solas, es una decisión que requiere de fuerza y agallas, y que ciertamente no muchas se atreven a hacer.

¿El por qué? La realidad es que hay un montón de razones, desde la simple y muy válida: “No me gusta viajar sola”, hasta las más comunes como: “Viajar sola como mujer es muy peligroso, yo nunca me atrevería porque no quiero que me pase nada”. Siendo mujeres, es normal que podamos tener más miedos, para que podamos tomar una decisión como lo es emprender un viaje en solitario.

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Estoy consciente que el viajar sola no es para todas las mujeres, al final sigue siendo un gusto que no a todas satisface o les llama la atención. Sin embargo, ¿cuántas veces es el miedo el que nos frena y no la falta de atracción o gusto? Una de las partes más difíciles de viajar sola, es esta última, la de lidiar con la soledad y con los miedos que hacen remolinos enormes dentro de nosotras.

Siento que por el simple hecho de ser mujeres, tantas veces nosotras mismas somos las que nos ponemos nuestras propias barreras, al pensar que no somos capaces de muchas cosas. Tantas de estas cosas son sueños que consciente o inconscientemente deseamos tanto, pero que creemos que no seremos capaces de conseguir nunca porque así nos lo han hecho creer.

Durante años, la mujer ha jugado un papel de lucha continua (y actualmente sigue) para poder pelear por sus libertades, hemos sido privadas de muchos derechos a lo largo de la historia, por el simple hecho de haber nacido mujeres. Y desgraciadamente, es algo que hoy podemos ver en miles de lugares todavía, la carencia de las mismas oportunidades que los hombres, la negación de otras, etc.

Y aunque muchas mujeres somos afortunadas de vivir en un lugar en el que podemos trabajar en lo que queramos y gozar de nuestra libertad, ¿qué pasa cuando las barreras nos las ponemos nosotras mismas?, o peor, ¿qué pasa cuando acabamos por sucumbir a las opiniones y críticas de los demás para desmotivarnos de hacer lo que verdaderamente deseemos?

Pasa más seguido de lo que crees, y no solamente cuando hablo de viajar solas. ¿Te ha pasado que te dicen que no puedes o sabes hacer algo porque eres mujer, o que te ataquen con miles de comentarios acerca de tu forma de ser, actuar, vestir, amar, creer o sentir? A veces los comentarios más sutiles, son los que causan más revueltas y dudas dentro de nosotras, acerca de quién somos y de vivir nuestra libertad.

Una de las partes más difíciles para poder comenzar o cambiar algo siempre es el miedo. Los temores siempre están presentes cuando decidimos mover algo de nuestras vidas, y es normal, lo que sucede es que le tenemos tanto pánico a afrontarlos, que terminamos perdiendo por dejar que nos ganen.

Sin duda, cuando una mujer se plantea la idea de poder irse de viaje sola, lo más complicado será dejar de planearlo y hacerlo. Tomar la decisión es de las cosas más difíciles de querer viajar sola, porque precisamente son los miedos, las dudas e inseguridades, las que no nos permiten hacerlo.

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¿Pero cómo te vas a ir de viaje sola?, ¿acaso no tienes amigos o un novio que te acompañe? Son algunos de los comentarios que una chica puede recibir con tan solo plantear la idea de querer irse sola a algún destino, y creo que es normal, al final por ser mujeres es común que podamos sentirnos más vulnerables, con más temores y con más inseguridades de las cosas que podamos encontrar allá afuera.

Sin embargo, muchas de esas inseguridades son simplemente el reflejo de las de los demás, y acaban por hacernos desistir por culpa de miedos y dudas ajenos que vamos haciendo nuestros.

Es muy probable que al principio te va a dar muchísimo miedo, eso te puedo asegurar que le pasa casi a todas las mujeres en nuestro primer viaje a solas. Sí, a mí también me pasó la primera vez, me moría de miedo aunque quizás no lo externaba mucho, pero un día antes de irme me senté a llorar preguntándome si estaba haciendo lo correcto y temiendo de lo que me pudiera pasar estando sola.

Pero cuando me fui, comprendí que muchos de mis miedos eran infundados, que la gente estaba equivocada acerca de lo que verdaderamente significa el irte sola como mujer, pero sobre todo comprendí algo que me abrió los ojos por completo: El irme sola no significaba que yo estuviera sola.

Muchos me preguntan si durante el viaje no me sentía sola, si no necesitaba tener o hablar con alguien. Y la respuesta es que no, jamás me sentí con un sentimiento de soledad que me hiciera deprimirme o necesitar de platicar con alguien. Durante el viaje conoces a muchísimas personas, pero la verdad es que me dediqué mucho a hablar conmigo misma.

Me pasó y me pasa aún que cuando las personas se enteran de que me voy de viaje sola, parece que se genera dentro de ellos la idea de “No tiene a nadie con quien irse, está sola”. Quiero aclarar algo con respecto a eso, el que me vaya sola no signifique que no tenga a nadie, que no tenga amigos, o que esté sola.

Viajar sola, no significa que te sientas sola en la vida o en el viaje, tampoco significa que no tengas a nadie, o que te sientas triste y por eso te vayas sola. El decidir irte sola como mujer, es una decisión sana, que solamente te involucra a ti tratando de vivir una experiencia distinta y que seguramente te hará crecer como persona muchísimo.

Disfrutar de tu soledad no significa “estar sola” o “sentirse sola” como muchas personas lo ven. Sé que para muchas (y muchos) el dedicarse a tiempo para gozar de su propia compañía es algo que no han hecho o se atreven a hacer mucho, y también estoy consciente como lo decía, que no a muchas les puede gustar.

Sin embargo, creo firmemente en el poder que tiene la soledad en nuestras vidas para saber quién somos, para conocernos y querernos. Bien lo dicen, si no te amas a ti mismo, no puedes pretender que otra persona lo haga, y es muy cierto. Cuando pasamos tiempo a solas, es cuando más reflexionamos acerca de las personas que somos, de lo que deseamos, anhelamos, soñamos, e incluso odiamos de nosotros mismos.

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Soy fan del autoconocimiento, a los que han leído algunos de mis artículos, lo saben. Y creo que una de las claves para verdaderamente conocer cómo operamos y saber qué traemos adentro, es poder ser capaces de valorar nuestra propia compañía, y eso es algo que no siempre es sencillo.

Muchas veces la sociedad nos ha metido la idea de que, como mujeres debemos buscar a alguien que nos acompañe, que no podemos estar mucho tiempo solteras porque se nos acaba el tiempo o que debemos acabar con un esposo que cuide de nosotras. Eso, más allá de ser una decisión que se conjuga con los ideales de cada persona, es algo que nos acaba sumiendo en un remolino de críticas si decidimos actuar de una manera distinta.

“¿Cómo es posible que una mujer esté sola a sus “equis” número de años?” es un comentario que seguramente has escuchado o te han dicho quizás. Y no solamente me refiero a que puedas o no tener pareja, el “estar sola” para muchos significa que no te gusta socializar con la gente, que eres la rara que se siente sola.

Como lo decía, la soledad a veces es algo que no es bien visto, o no es algo que pueda generar placer. Sí, placer, estar solo muchas veces te genera tal amor y pasión, porque simplemente es algo que disfrutas hacer, te quieres en demasía, que puedes sin problema estar solo.

Y estar solo (o sea, poder pasar tiempo contigo), no significa que seas una persona ermitaña, sin amigos, sin pareja o similar, simplemente significa que eres capaz de disfrutarte. Y eso sucede cuando viajamos solas, aprendes a disfrutarte, a amarte y conocerte un poquito más porque el tiempo que pasas contigo misma se incrementa, así de fácil.

Quiero aclarar algo, cuando viajamos solas, no tienes que estar sola a fuerzas. Al contrario, cuando viajamos solas o solos, es cuando más personas puedes conocer, porque eres mucho más fácil de aproximar para otros viajeros y porque también te vuelves más confiable para otros.

Cuando viajas sola, nunca estás sola (o solamente que así lo desees). Te aseguro que desde el día uno conocerás a alguien, porque al estar sola eres sumamente receptiva a hacer nuevos amigos, y créeme que por experiencia te digo que, para eso no necesitas ser la mujer más sociable del mundo.

Te lo digo porque yo lo viví, soy la persona menos fiestera o habladora de la vida, y aun así conocí a muchísima gente en mi primer viaje en solitario. Desde la gente que se te acercaba por curiosidad, preguntándote si de verdad era cierto que viajabas sola, hasta un montón de personas que te tendían una mano con toda la bondad del mundo.

Generalmente, cuando viajamos en grupo o con pareja, solemos estar únicamente con esas personas, y conocer a alguien nuevo puede ser algo difícil. Pero cuando viajas sola, es como si cierta magia ocurriera, contactas con la gente local de una manera increíble, te abren las puertas de sus casas, y conoces a alguien nuevo todos los días que con una simple sonrisa, te hace plática.

Al no tener a nadie que te acompañe durante el viaje, es cuando más fácil puedes entrar en contacto con los demás, y en lo personal eso es una de las cosas que más me gusta de viajar sola. El poder verdaderamente adentrarte en la cultura local y conocer a su gente, es increíble porque yo creo que es de las mejores formas de conocer una ciudad o país.

Además, cuando viajas sola, algo se activa dentro de ti, que de alguna manera te hace atreverte a hacer cosas que si fueras acompañada, quizás no te atreverías. Comprendes que no tienes que “satisfacer” intereses de alguien más, y comienzas a tomar tus propias decisiones acerca de lo que quieres o anhelas conocer.

Por ejemplo, una cuando estaba en Hanoi (Vietnam) salí a caminar a la calle en dónde se coloca el tradicional mercado nocturno de fin de semana, y me topé con un montón de bares en un callejón. La gente estaba sentada afuera, en unos bancos pequeños (casi a  ras de suelo), bebiendo y platicando, y aunque yo iba sola, simplemente se me antojó vivir esa experiencia y tomarme una cerveza.

Me senté en un lugar, y a los cinco minutos se sentó en otra mesa al lado un chico local que también iba solo, no te miento, la plática fue instantánea, platicamos de nuestros países, me invitó una cerveza, y pudiera parecer que lo conocía desde siempre.Y eso es algo que difícilmente sucede cuando viajamos en grupo o en pareja.

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                                                                                   Mi nuevo amigo vietnamita 

Esta historia me gusta mucho contarla, porque recuerdo perfectamente que nos acabamos nuestra cerveza, nos despedimos, y salí con una sonrisa enorme de haber podido conocer a alguien así, de la manera más simple posible. Eso me enseñó que las cosas más sencillas en la vida, son las más bonitas.

Cuando viajas sola, eres propensa a confiar un poquito más en ti y aprendes a amar y disfrutar de tu libertad. Eres libre de hacer lo que quieras, de ir, caminar, andar y ver a tu ritmo y según tus únicos intereses, y aunque al principio pueda leerse aterrador el ser la única que elija, al final es algo que no cambias por nada.

Eliges a dónde quieres ir, qué quieres comer o hacer, en dónde dormir, y sin preguntarle a nadie. Si un día quieres ir a ver museos todo el día, o a quedarte acostado en un parque, no va a haber nadie que te diga: "Ya me aburrí" o "Ya vámonos". Y eso te da una libertad que acabas por disfrutar brutalmente.

Y ojo, no te lo voy a negar, viajar sola no siempre es de color rosa o perfecto. Hay desventajas, como en todo, pero al final son desventajas que casi siempre son superadas por las enormes ventajas. Lo importante, es no dejar que “rumores” nos alejen de poder conocer estas ventajas y beneficios.

El viajar sola no es para todas las mujeres, pero tampoco es una decisión permanente o irreversible, si no te gusta, simplemente te regresas o consigues a alguien que te acompañe en el camino. Para mí, viajar sola me fascina, y creo firmemente que es algo que por lo menos todas las mujeres deberíamos de experimentar una vez en la vida.

También creo que muchas mujeres se frenan a aventarse a un viaje en solitario porque les aterra la idea de estar solas en un país que no conocen, y tienen miedo que algo les pueda suceder. Estas son las mujeres que al momento de planear un viaje, buscan con quién irse de una manera furtiva (ya sea familia, amigos, conocidos o pareja) porque simplemente el temor a no ir acompañada es demasiado grande.

Es normal, y más si has hecho todos tus viajes acompañada de tu familia o amigos, el lanzarte a hacerlo por primera vez en solo rompe totalmente con tu paradigma o estructura de cómo son los viajes. Eso es algo que hace frenar a muchas, ¿por qué voy a decidir viajar sola si me gusta hacerlo con mis amigos o familia? Y hasta cierto punto, te doy la razón, porque el viajar acompañada es algo que desde que somos pequeñas hemos hecho, y ciertamente, es una idea que se va apegando a nuestro estilo de vida cuando vamos creciendo.

Además, viajar acompañada suele ser divertido ¿no? Esos viajes de fin de semana a la playa con tus amigos, llenos de diversión, no niego que sean días en los que la pasas de lujo. Sin embargo, yo creo que muchas veces, ligamos un viaje con estar acompañados, para que éste pueda ser divertido, pero déjame decirte que no es así. Puedes pasarla increíble estando tú sola en un viaje, porque simplemente aprendes a divertirte haciendo cosas que solamente te gusten a ti. Es una oportunidad increíble para dedicarte a tus hobbies y a descubrir otros.

No te digo a ti que me lees, que para tu primer te vayas hasta el otro lado del mundo como yo lo hice, puedes empezar por tu ciudad, un pueblo, un lugar cercano. Simplemente un día, vete y atrévete a vivir tu primera aventura en solitario, no es necesario que hagas un enorme viaje, lo verdaderamente importante es que puedas permitirte probarlo por lo menos una vez.

Si no te gusta, por lo menos lo habrás probado, ¿no crees? 

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Y si tú aún no te atreves a dar el paso, te recomiendo que platiques con chicas que ya lo hayan hecho y te cuenten su experiencia, no creas mucho en comentarios de personas que ni siquiera se han ido solos, y que pueden meterte muchas ideas falsas en la cabeza.

Viajar sola no significa sentirse sola, y es de las cosas que más me han enseñado en la vida. Me hizo crecer profundamente como ser humano y como mujer, al abrirme los ojos acerca de lo que verdaderamente deseaba en la vida, y poder dejar atrás comentarios o críticas que únicamente mermaban mi formación y crecimiento como persona.

Me hizo saber mis capacidades, virtudes y debilidades, me demostró de lo que soy capaz y que soy mucho más fuerte de lo que pensé. Me enseñó a amarme más, a confiar en mi misma, a abrirme para poder conocer a más personas y a simplemente guiarme por mi instinto.

La libertad que me brinda el poder viajar sola es de las cosas que más amo, porque me hace descubrirme en mi estado más puro. Me hace cuestionarme cosas de mi propia existencia, que antes ni siquiera había pensado, me encontré conmigo misma de una forma extraordinaria, y eso es algo que no cambiaría por nada.

Viajar sola es de esas experiencias que te llenan el alma y te hacen crecer muchísimo, y aunque no a todas les pueda gustar, es algo que a las que sí, nos apasiona muchísimo. No viajamos solas para escaparnos de nuestras vidas, lo hacemos para reencontrarnos con nosotras mismas. 

Y tú, ¿alguna vez has viajado sola? Cuéntame cómo te fue, y si algo cambió dentro de ti cuando lo hiciste.

Tú que me lees y sientes que no te atreverías a hacerlo, ¿qué tal si le das una oportunidad? Casi te puedo asegurar que no te arrepentirás.

Un gran abrazo, y gracias por leer.   

2 comments

  1. Hola! muy buen artículo… estoy pensando hacer un viaje sola, pero tengo miedo jajajaj espero que eso no me gane!
    Una pregunta que siempre me surge cuando leo estos artículos… quién toma esas fotos tan lindas?? sin miedo a que te roben la cámara o celular xd

    Saludos!

    • Hola Jo, primero que nada muchas gracias. Tú aviéntate, a veces el miedo es más mental que otra cosa. Las fotos, pues depende jaha, la mayoría de las veces le pido a alguien que me las tome, a veces también pongo un tripié para que yo pueda salir jaja. 🙂 Un abrazo

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