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Mi Historia

“Vayas dónde vayas, ve con todo tu corazón”-Confucio.

Siempre fui una niña curiosa, inquieta, y traviesa, me gustaba explorar lugares nuevos, y poder conocer cosas nuevas. Ahora, siento esa misma curiosidad por ir más lejos, por hacer más, por conocer siempre más, Y es ese MÁS, es el que me trae hoy a dónde estoy, luchando por cumplir mis sueños más locos, y poder entregarme a mis pasiones.

¿Pero cómo empezó todo? ¿Cómo llegué aquí?

Desde que recuerdo, siempre me interesó el área administrativa, soy (o era) buena para las matemáticas, y cuando estudiaba la preparatoria soñaba con ser una gran empresaria cuando “fuera grande”. Cuando llegó el momento, y todos me empezaron a bombardear con la tan temida/amada pregunta de ¿qué vas a estudiar?, la verdad es que no me costó mucho trabajo y me decidí fácilmente.

Conseguí una beca académica en una universidad privada (porque de otra manera jamás habría podido costearla), y decidí estudiar Negocios Internacionales. La carrera me gustó por tener muchas posibilidades de especialización y de trabajo, y por poder incorporar muchos temas de los que siempre me interesaron; así que decidí apostar por ella y por la universidad, y la realidad es que no me arrepiento.

Tengo un título guardado en mi habitación que me avala como licenciada, con mención honorífica (sí, era y sigo siendo super nerd), y aunque mucha gente podría pensar que eso garantiza o facilita la obtención de un trabajo cuando sales de la universidad, la realidad es que no, y eso fue algo que me costó mucho entender.

El día que me gradué
El día que me gradué

Desgraciadamente, en mi país, y en muchos más en el mundo, hay escasez de empleos bien pagados, oportunidades y existe competencia mucho más preparada que tú, luchando por el mismo puesto. Hoy en día, tener un título universitario o salir con el mejor promedio de la carrera, no son garantía de nada, y no te aseguran que al salir, puedas conseguir un “buen” trabajo, en el que tengas un salario competitivo, justo y acorde a tus estudios, con buenas prestaciones, o en el que te contraten en un gran puesto.

Siempre he creído más en las capacidades individuales de las personas (en su fuerza, entrega, voluntad, compromiso, actitud, ganas y trabajo), que en las condiciones que se les puedan presentar para afrontar los retos de esta vida. Lo digo siempre: “Quien quiere, quiere, y va a hacer lo posible por lograrlo, porque quiere hacerlo”, y pretextos para no hacer las cosas, siempre habrá, pero mi punto aquí es que a veces la lucha en el actual mundo laboral, es muy difícil, y llena de obstáculos ajenos a nosotros, y puede hacer desistir a muchos.

Duele muchísimo darse cuenta de esta situación, y ver a muchísimos jóvenes egresados que no consiguen trabajo, que las empresas les exigen experiencia que no tienen, y que muchos acaban frustrados trabajando, no solo en algo que no tiene que ver con lo que estudiaron, sino en algo que no los hace felices y no los apasiona en lo absoluto.

A mí, todas estas ideas se me cruzaron por la cabeza cuando salí de la universidad, y empecé a cuestionarme miles de preguntas, que muchas veces no sabía cómo responder: -Ale, ¿verdaderamente qué quieres hacer? Felicidades, terminaste una licenciatura, ¿y ahora qué sigue? ¿Busco trabajo? ¿En qué quieres trabajar? ¿Me quedo en México? ¿Me voy al extranjero? ¿Estudio la maestría?

La realidad es que me vi inmersa en una etapa complicada, en la que no me encontraba, y no sabía por cuál camino seguir. Por primera vez en mi vida, me enfrentaba a una etapa en la que no había un punto a seguir, en la que ya no conocía cuál era el siguiente paso, y en la que yo tenía que saber y decidir qué demonios quería hacer de mi vida.

Me sentía frustrada, enojada, triste, por no saber hacia dónde moverme, hacia dónde ir. Sentía que todo había sido un fracaso, ¡me sentía completamente perdida por no saber qué quería hacer! Tenía ante mí un mundo lleno de posibilidades, y al mismo tiempo sentía que no sabía que quería, y sentía muchísimo miedo por tomar una decisión que fuera equivocada, o que me llevara por un camino que no quería seguir.

Después de un mes, de darle mil vueltas a cada posibilidad, se me presentó una oportunidad que ni siquiera yo había buscado. Me buscaron de una empresa internacional, en la que me ofrecían un trabajo serio y estable, relacionado con la carrera que había estudiado. Decidí que no perdía nada intentándolo, y después de realizar todas las pruebas, me quedé con el puesto y acepté mi primer trabajo formal, después de un mes de salir de la universidad.

El saber que había conseguido un trabajo fijo, y en el que podría encontrarme, fue para mí como una respuesta en medio de mi desesperación. Sé que fui muy afortunada al poder encontrar un buen trabajo prácticamente cuando salí de la universidad, así que eso también hizo que me sintiera muy contenta y agradecida por la nueva etapa que se me presentaba.

El trabajo me gustaba, aprendí muchísimo, y conocí a gente sumamente valiosa, que hoy puedo llamar mis grandes amigos. Me sentía plena y afortunada de poder ir todos los días a trabajar a un lugar en el que podía crecer como profesionista y como persona, en el que podía aprender verdaderamente la diferencia de toda la teoría que vi en la universidad, aplicada a la vida real, y ver cuánto difería; y todo eso me hizo crecer muchísimo.

Pero un día me di cuenta que me hacía falta algo, que quería explorar otras cosas y posibilidades, que deseaba salir e ir por más. Me di cuenta que debía existir algo afuera, algo más allá, que mi vida debía ser algo más que pagar cuentas, estar encerrada todo el día en una oficina, sentada enfrente de una computadora, y llenándole los bolsillos a una empresa que ni siquiera era mía.

Quiero aclarar algo, mi historia no es la normal y trágica de telenovela, en la que no me gustara mi trabajo, en la que el ambiente laboral fuera horrible y odiara a todos, o en la que me la pasara llorando por los rincones todo el día, lamentándome por las injusticias de la vida, no, para nada. La realidad es que era muy feliz, pero simplemente un día entendí que quería medir y experimentar mi felicidad en otros ámbitos, y decidí renunciar.

Quizás ahorita te preguntes: O sea Ale, me dices que estudiaste lo que quisiste, que te gustaba tu trabajo, ganabas tu dinero, trabajabas con pura gente que tiraba buena onda y eras feliz, entonces ¿por qué decidiste dejarlo?

La respuesta es sencilla, y a la vez muy complicada de entender para muchos. Necesitaba experimentar otras cosas, explorar nuevos rumbos, reencontrarme conmigo misma, cuestionarme las cosas que quería mantener y conseguir en la vida, y aquellas que deseaba dejar ir y soltar, porque sabía que no me iban a aportar aquello que hiciera latir mi corazón; eso que yo llamo, mis pasiones.

Simplemente me di cuenta que no deseaba dejar de lado esas pasiones, ni mis ilusiones, y mucho menos mis sueños. Si de algo estaba segura, era que no estaba dispuesta por ningún motivo a abandonarlos, ni a abandonarme, aferrándome a esa mortal zona de confort y gris rutina, que a veces nos atrapa a todos en un lugar del que muchas veces es difícil salir.

Entendí que vivir aferrándonos a las cosas (y a las personas) no es sano, y que no quería pasar el resto de mi vida viviendo con esos “hubieras”, conformándome con lo que tenía, cumpliendo expectativas ajenas y viviendo cómodamente en una zona de confort en la que sí, era feliz, pero en la que quería MÁS.

El tiempo me hizo comprender que en la vida necesitamos decir SI a nuevas aventuras, a nuevos retos, y a nuevas oportunidades siempre que podamos, porque a pesar que quizás por dentro nos podamos estar muriendo de miedo, arriesgarse conlleva una magia increíble que nos enseña que somos más fuertes y capaces de lo que creemos.

Entendí también que muchas veces en la vida nos la vivimos planeando futuros inciertos y postergando las cosas porque creemos que siempre habrá un mañana, y no es así. Nos creemos inmortales muchas veces, pensando cosas como: “Mejor lo dejo para después”, “Algún día lo haré, al fin que tiempo sobra” o “Cuando la vida me permita hacerlo”, y la realidad es que hay mucha gente a la que la vida se le acaba antes de hacer las cosas que siempre soñó, y vivió postergando por creer que siempre habría tiempo.

Aprendí que el tiempo se acaba, a veces antes o a veces después de lo planeado, y la única certeza en esta vida es que nos vamos a morir; todos lo sabemos, pero creo que pocos lo comprendemos verdaderamente Como yo siempre digo: En esta única vida que se nos concedió, tenemos el derecho irrenunciable de aprovecharla y dedicarla a hacer aquello que amemos, amar a quién queramos, y ser felices, porque ¿si no es en esta vida, cuándo?

Afortunadamente yo lo comprendí a tiempo, así que simplemente un día me dije a mi misma: ¿Por qué dedicar ese valioso tiempo a algo que me quita energía, a algo que no me llena y no me va a llevar a dónde quiero llegar? No pensaba desperdiciar un segundo de esta aventura llamada vida, haciendo algo que no me hiciera feliz, y fue así que supe que tenía que tomar una decisión respecto al cómo quería que mi vida fuera, y no cómo los demás querían que fuera.

Y así fue como tomé la decisión de irme, de volar lejos para poder ver qué podía descubrir allá afuera. Decidí ahorrar todo el dinero que pudiera, (prácticamente todo mi salario mensual y también me puse a vender muchas cosas), y una madrugada compré un boleto de avión con destino al otro lado del mundo, sin saber exactamente que iba a pasar después, pero confiando plenamente en mi decisión y con la esperanza de poder reencontrarme conmigo misma.

Después de un año de trabajar en una oficina ocho o más horas al día, simplemente tomé la decisión de renunciar al primer trabajo estable y formal que había tenido en la vida porque quería vivir, quería irme lejos, no conformarme con algo que no me hacía completamente feliz, ni con un trabajo que se robaba todo mi tiempo, así que me atreví a tomar las riendas de mi vida y perseguir mis anhelos y sueños.

Decidí viajar por dos meses, sola y de mochilazo por el sudeste asiático, viviendo y conociendo lugares, sabores, formas, personas, y sensaciones increíbles. Cuando volví, supe que ya no era la misma que se había ido, y que algo dentro de mí había cambiado para siempre, supe que a veces en la vida, las cosas más sencillas son las que más enseñanzas nos dejan y que estamos aquí para disfrutar y vibrar con cada una de ellas.

FotoAleMiHistoria (2)
Koh Tao, Tailandia

El viajar sola por primera vez en mi vida, me hizo entender y aprender tantas cosas de la vida y de mi misma, que lograron transformarme en mil maneras en una nueva mujer. Hoy soy lo que decido ser, no cumplo expectativas ajenas, solamente las mías y vivo luchando todos los días por ser mejor persona, y por poder hacer lo que amo.

Comprendí que yo soy la única dueña de mi felicidad, y que me merezco todos los días el luchar por ella, y por lo que deseo; la felicidad es responsabilidad de cada uno de nosotros, y somos los únicos capaces de decidir qué tan felices o infelices queremos ser. Entendí que las mejores promesas, son aquellas que nos podemos cumplir a nosotros mismos cada día, y que eso conlleva una satisfacción magnífica.

Viajo cuando puedo, y a dónde puedo, cerca o lejos. Amo viajar sola, pero también muchas veces hacerlo acompañada de personas especiales, tiene una magia muy peculiar. Me encanta viajar lento, sin prisas, caminar y caminar sin un mapa fijo, poder perderme y poder  reencontrarme conmigo misma en cada paso, y poder descubrir todos los días la belleza que este hermoso planeta nos ofrece a diario.

Esta es mi historia (hasta ahora), que espero que pueda tener muchísimos más capítulos para poder escribir en ella, millones de aventuras más.

2 comments

  1. Ale!!! Me encanto tu historia, creo que nunca en mi vida me habia identificado tanto, te juro lo lei y senti que estaba leyendo algo que yo mismo escribi, que joya!!! Estoy viviendo en este momento justo esa situacion, en exactamente los mismos tiempos que tu, no sentirme yo despues de tener un buen trabajo y dejarlo todo para encontrarme, de verdad que es mi misma historia. Me encantaria poder platicar contigo, de corazon.

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