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Mi experiencia viviendo en Santiago de Chile

Hace 4 años, estaba subiéndome a un avión que me llevaría a un lugar que sin duda, me cambiaría la vida para siempre. Estaba estudiando el séptimo semestre de la carrera en la universidad, y me dirigía a Santiago, en Chile, para vivir allá la experiencia de un intercambio académico internacional.

La hermosa Cordillera de los Andes, desde la ventana del avión.

Anteriormente ya me había ido a estudiar al extranjero (a Canadá), pero en ese entonces era muy pequeña, y ahora la experiencia era mucho más emocionante por poder tener la oportunidad de pasar 6 meses viviendo y estudiando en una ciudad como Santiago. 

Mi universidad aquí en México, tiene varias universidades “hermanas” en varios países, y que son de la misma red. Por esa razón, fue mucho más sencillo poder irme de intercambio, las cosas se fueron acomodando y Chile se apareció ante mí, y no dudé en tomar esa opción.

Me fui con dos compañeras de la universidad que iban a cursar materias de Mercadotecnia, y yo de mi carrera, Negocios. Ese 11 de julio del 2013 todo estaba listo, ya habíamos realizado todos los trámites en la escuela, teníamos la aprobación y solamente nos faltaba subirnos a ese avión.

Encontrarme por primera vez con un país como lo es Chile, fue magnífico y sorprendente en muchas maneras para mí. En un principio, recuerdo que me moría de nervios y de miedo, por dejar a mi familia tanto tiempo, por vivir en otro país, adaptarme a sus costumbres, que me fuera a ir bien en mis clases o que simplemente extrañara mi país.

Palacio de la Moneda.

Al pasar de los días, me fui acondicionando a una nueva ciudad y país, me adapté a un ritmo de vida muy diferente al que conocía, supe cómo era vivir prácticamente sola, aprendí palabras que no tenía idea que significaban en un principio, comí todo lo que come la gente a diario, me dejé llevar por la fusión de belleza y caos que tiene la vida diaria en una ciudad.

Vista de Santiago

Estudiar en una nueva universidad, rodeada de nuevos compañeros, fue como tener la oportunidad de volver a empezar. De conocer métodos de estudio diferentes a los que yo conocía, asignaturas, amigos y profesores.

Me llené de mil y un experiencias, que me hicieron mejor persona y alumna. Conocí a personas increíbles, que cambiaron mi vida para siempre, pude relacionarme con un mundo distinto del que yo vivía, y esa fue una de las mayores bendiciones que pude tener.

Conociendo Santiago con mis amigas, y muriendo de frío

También fui comprendiendo muchas otras cosas. Aprendí a valorar las cosas sencillas de la vida, como el llegar a casa y tener un plato de sopa caliente y un abrazo de tu mamá después de un mal día, o el poder comprender lo afortunada que era de vivir una experiencia de ese tipo.

Entendí que a pesar que hablábamos el mismo idioma, cada sociedad puede ser muy distinta en su forma de ser, actuar y vivir. Descubrí en el pueblo chileno, a personas con una fuerza y unión tremenda, me fasciné cuando viví el amor que le tienen a su país y como salen adelante ante cualquier adversidad que les pongan enfrente.

Una de las cosas que más me encantan de viajar, es poder conocer otras formas de vida, costumbres, tradiciones, colores, sabores, y descubrir que aunque todos podamos comer, rezar, amar en formas diferentes, al final se vuelve una única manera, que nos une como seres humanos.

Conociendo Santiago

Chile me sorprendió de todas formas posibles, en las cosas más simples, y en aquellas que se quedaron grabadas en mi memoria para siempre. Encontrarme con Chile, fue como una explosión de todos mis sentidos, fue como toparme con una puerta que cuando la abrí, me inundé de miles de sentimientos y sensaciones.

Me sorprendí cuando me topé con un frío que me calaba los huesos, viví dos inviernos ese año gracias a que en el mes de Julio se sentía un frío que jamás había experimentado. Recuerdo perfectamente una noche en la que simplemente no pude dormir, del frío que hacía.

El despertar todos los días, asomarme por mi ventana y ver la hermosa cordillera de los Andes nevada, era una de las cosas que más amaba de vivir en Santiago. Me encantaba salir a caminar por la ciudad, perderme y encontrarme con lugares desconocidos que me maravillaban a diario.

La vista desde mi departamento

Vivir en Santiago me gustaba, es una ciudad muy grande, pero que sigue conservando su esencia particular a pesar de su enorme movimiento diario. Recuerdo que era muy feliz despertándome, desayunando en el departamento que rentábamos (y que tenía una vista hermosa), bajando a hacer ejercicio, para después irme a clases a la universidad.

Cerca del departamento, había un parque muy bonito, y en el que un día descubrí una biblioteca pública. Amaba irme por las tardes a pasar horas y horas ahí sola, en las que me prestaban libros y me ponía a leer y leer.

Los fines de semana, generalmente íbamos a pasear mis amigas y yo, con otros amigos de intercambio y chilenos por la ciudad o cerca de ella. Nos llevaban a esos lugares que ellos visitaban a diario, para vivir la verdadera experiencia de estar en Chile, con todas sus costumbres.

El Cajón del Maipo

También me encantaba salir de la ciudad, para poder visitar esos lugares que la gente me decía que tenía que ir cuando les preguntaba: ¿Qué es lo más bonito de por aquí? Comprobé por qué muchos chilenos aman el sur del país, y quedé impactada cuando llegué a la punta del continente para visitar la Patagonia chilena.

Puerto Natales

Torres del Paine

Todas las experiencias que viví me complementaron como persona, me hicieron más madura y segura de mi misma. Vivir en Chile fue increíble en todos los aspectos posibles que te puedo contar, fue en lo personal un aprendizaje que hoy me genera suspiros al recordarlo.

Ahora que he tenido la oportunidad de hacer viajes “cortos” a varios lugares, he comprendido cuál es la diferencia con el quedarte a vivir una temporada en algún sitio, y no solamente ir de paso o por una corta temporada.

Cuando te quedas a vivir en un lugar, aprendes a adaptarte a su ritmo de vida diaria, tienes la oportunidad de poco a poco ir conociendo más allá de lo común; de volverte un local. Generalmente cuando viajamos a un destino por algunos días solamente, buscamos hacer las cosas que están en las guías turísticas, pero cuando vives en un lugar, descubres cosas y lugares que no vienen en los libros.

Creo que muchas veces, nosotros mismos vivimos en una ciudad que es hermosa, pero que estamos tan metidos en nuestra rutina diaria, que no la valoramos o conocemos por completo. ¿No les ha pasado que viene alguien de fuera a visitar su ciudad y les pregunta un dato acerca de un sitio y ustedes no lo saben? Hasta vergüenza da.

Yo pienso que la belleza está presente en todos los rincones del mundo, obviamente hay sitios que te roban el aliento, pero en cada esquina puedes encontrar cosas y lugares hermosos, y no necesariamente son los que salen en posters o en guías de viajes.

Por esa razón, siempre debemos valorar lo que tenemos cerca, lo que está a nuestro alrededor. Esa fue una lección que me dejó vivir en Chile, el valorar tu propia ciudad y país, conocer su historia y adentrarte un poco más en todas las bellezas que tiene; no tenemos que ir del otro lado del mundo para descubrir lo hermoso que es este planeta.

Playa, Iloca

Chile es un país que te atrapa, que te llenará cada uno de tus sentidos en su máximo esplendor. Es un país lleno de paisajes hermosos, lo tiene todo: playa, montañas, desierto, vegetación, fauna, cultura e historia. Fui muy afortunada no solamente por poder haberlo visitado, si no por haber vivido en el algunos meses. 

Me encantaría volver, espero algún día poder hacerlo, reencontrarme con mis queridos amigos que dejé por allá, y volver a pasear por las calles de Santiago. Algún día, espero poder volver a hacerlo y poder visitar todos esos hermosos lugares que faltaron en mi lista.

¿Alguno de ustedes es de Chile? Cuéntenme de dónde

Muchas gracias por leer, viajeros. Les mando un enorme abrazo.

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