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De Renuncias, Miedos y Pasiones

“Los pescadores saben que el mar es peligroso y la tormenta terrible, pero nunca han encontrado en estos peligros razón suficiente para permanecer en tierra”-Vincent Van Gogh

Los seres humanos somos por naturaleza cíclicos y tendemos a apegarnos a la rutina en nuestras vidas. El poder tener la certeza de qué es lo que va a pasar al día siguiente, poder confiar de alguna manera en algo que nos diga que todo va a estar bien, es algo que  buscamos a veces inconscientemente, por el simple hecho que nos hace sentir seguros.

La seguridad es una de las necesidades básicas de los seres humanos, tendemos naturalmente a buscar sentirnos protegidos ante todas las situaciones adversas que se nos puedan presentar. Cuando nos sentimos en peligro, algo se activa dentro de nosotros que genera un mecanismo de defensa que nos protege a nosotros mismos o a nuestros seres queridos.

Sin embargo, es precisamente esa búsqueda de seguridad diaria, la que tantas veces se traduce en aferrarnos a situaciones que nos generan tal comodidad, que no nos permiten movernos o cambiar algo en nuestras vidas. Y es cuando esa búsqueda de “seguridad”, se puede convertir en algo dañino y que solamente nos genera un miedo tremendo.

Sí, me refiero a la tan odiada y amada “Zona de Confort”. Ay, la zona de confort, tan cómoda y linda que es ¿verdad? Ya he hablado muchas veces de ella, hay quien la ama sin control y nunca quiere salir de ella, y hay muchos otros que se dan cuenta que solamente los lastima, y deciden huir de ella y no volver a verse las caras.

Hoy no vengo a hablarte de si la zona de confort es buena o mala, y tampoco vengo a convencerte de que salir de ella sea lo mejor que puedas hacer en tu vida. Estoy plenamente consciente que hay muchísimas personas que viven siendo completamente felices en su zona de seguridad, y es completamente válido; no todos quieren salir de ella y eso no está o debe estar penado, cada quien es libre de tomar sus propias decisiones.

La realidad es que hoy vengo a platicarte de tres ámbitos que han sido puntos clave en mi vida, en lo que soy y sobre todo en lo que decido ser y hacer. Estas tres cosas han sido y son actualmente, algo que me han llevado a dónde estoy parada hoy, y me hacen tomar decisiones diarias de cómo quiero que sea mi vida, y no cómo los demás quieren que sea.

Las Renuncias.
“A veces hacer lo que se te de la gana en la vida, no es un acto de rebeldía, sino un acto de obligación”

Vivimos en una sociedad que muchas veces nos enseña a no renunciar, a aferrarnos siempre a las cosas y a las personas, a luchar y luchar, a pesar de que quizás estemos luchando por algo o por alguien que ni siquiera estamos seguros si queremos en nuestras vidas. Nos la vivimos esforzándonos tantas veces por cosas que no nos hacen felices, que ironía.

Pero cuánto cuesta darnos cuenta de eso ¿verdad? Vivimos sintiéndonos inconformes ante tantos aspectos de nuestra vida, que muchas veces acabamos por “aceptar” esa falsa verdad, de la que pensamos no hay salida posible. Terminamos por mantenernos presos de esos fantasmas, que acaban por convertirse en nuestra realidad, y que nos hunden poquito a poco en una tumba invisible.

Sin embargo, cuando decides tomar las riendas de tu vida, y verdaderamente te atreves a cambiar algo, parece que al mundo no le parece. Y es aquí en dónde entra la palabra mágica: “renunciar”. Para muchos, esa palabra solamente significa ser sinónimo de una persona que no es capaz de aguantar, y que simplemente decide rendirse ante alguna circunstancia de su vida.

Cuando decides renunciar a algo, estás tomando una decisión que te involucra en cierta manera, rompiendo con ese estándar que tienen los demás de ti y de tu vida. Incluso, rompes con tus propios estándares o prejuicios, al poderte atrever a renunciar a algo que pensabas nunca poder soltar, y que no te llena o te complementa.

Tantas veces en la vida, nos aferramos a las cosas y a las personas, como si nuestra existencia dependiera de eso. Nos aferramos a no renunciar por miedo a perder, por comodidad o por simplemente mantenernos en una rutina, y eso es algo que nos acaba haciendo mucho más daño, que el dejar ir.

La verdadera fuerza radica en poder ser capaces de soltar, de dejar ir, y no en aferrarnos a algo o a alguien. El poder abrir las manos y soltar, duele y no es fácil, por eso muchos no pueden (o quieren) hacerlo. Requiere de más fuerza que seguir atándonos, pero es algo que al final te brinda tanta paz y calma, que vale totalmente la pena.

Las renuncias en la vida, por lo tanto, a veces no son un acto de cobardía, de debilidad o de mediocridad, al contrario, son un acto que no muchas personas están dispuestas a realizar, y la razón simplemente se llama: Esfuerzo y voluntad. La mayoría de personas no está dispuesta a dejar ir esas cosas, situaciones o personas que les hacen daño, o las lastiman porque es sencillamente un acto que requiere de ganas y de fuerza.

El esfuerzo es algo que tantas veces las personas no desean hacer, quieren que simplemente las cosas se arreglen o funcionen por arte de magia, y sin una pizca de continuos esfuerzos. En esta vida, lo que verdaderamente cuesta trabajo, es lo que vale la pena, y requiere de una dosis muy alta de ganas, esfuerzo, voluntad, paciencia, trabajo, dedicación y coraje diario.

Cuando te das cuenta que la vida verdaderamente hay que disfrutarla, que estamos aquí para ser felices y vibrar con cada cosa que nos cause emoción y pasión, es cuando te atreves a soltar esas cosas que solamente se interponen entre tú y esos deseos. Y generalmente, es cuando nos atrevemos a renunciar a todo eso que nos detiene, para poder avanzar o cambiar ese algo que te haga despegar.

El poder atrevernos a renunciar a las falsas expectativas, a las quejas, al pasado, a las situaciones y personas dañinas que solamente nos jalan para abajo en lugar de catapultarnos para arriba, a no luchar por lo que amas y por quien amas, a las opiniones y críticas de los demás que solo te lastiman, y a ser quien no eres, es cuando te liberas y eres completamente dueño de ti.

Poder tener esa magnífica libertad de decisión, es algo increíblemente satisfactorio. Te das cuenta que eres libre de ser, hacer y amar lo que quieras, y que a pesar de lo difícil que pueda ser, prefieres pasar todos tus días haciendo algo que ames, que pasarlos pensando en todo lo que pudo ser o lamentándote por nunca haber tenido la fuerza de poder dejar ir.

Cuando decides renunciar a un trabajo que no te apasiona, cuando decides renunciar a no ser quien los demás quieren que seas, cuando renuncias a esa persona que solamente te hace tanto daño, o cuando renuncias a toda la horda de críticas de las personas que solamente te desbalancean, es cuando cierta magia ocurre dentro de ti y eres capaz de vivir tu vida tal y como tú quieres vivirla.

Las personas que se la viven criticando y criticando tu actuar y tu vida, simplemente no tienen derecho a ser parte de ella porque esas críticas tantas veces, van acabando poquito a poco con nosotros. Tienes la magnífica libertad de dejar ir, utilízala.

No es fácil, créeme, es sumamente complicado muchas veces, pero es tan necesario por simple salud personal. Las renuncias son un acto de decisión que requiere de muchísima fuerza para dejar ir, no necesariamente renuncias a algo porque ya no lo ames o no te guste, lo haces porque te causa más daño seguir aferrándote a ello, y eso es algo que no muchos pueden hacer, pero que ciertamente todos nos debemos a nosotros mismos.

Y tú, ¿a qué decides renunciar para poder ser más feliz?   Los Miedos.

Todos alguna vez en nuestras vidas, hemos sentido miedo hacia alguna situación en específico, es completamente normal sentirlo, sin embargo, ¿cuántas veces esos miedos y temores solamente nos detienen a avanzar o cambiar algo?, ¿cuántas veces el sentir miedo es algo que únicamente causa en tu vida que te paralices y no actúes?

Los seres humanos, somos propensos a sentir miedo ante un sin número de situaciones, desde las más sencillas, a las más complicadas. Sentimos temor a lo desconocido, miedo de caminar por la calle de noche solos, de emprender, de decirle al chico o chica que nos gusta que nos gusta. Está en nuestra naturaleza sentir miedo.

Nos aterra el cambio, a dejar lo seguro para que podamos embarcarnos en nuevas aventuras, de las que solamente tenemos incertidumbre por ser cosas que no conocemos. Vivimos con el miedo latente a lo desconocido, a atrevernos a ser y hacer, a salir de esa zona de confort que nos atrapa, y que nos hace perdernos de tantas cosas por ese continuo temor, que pareciera se apoderara de nuestro poder de decisión y acción.

Las personas me preguntan mucho si no me da miedo viajar sola, poder irme del otro lado del mundo completamente sola. Me dicen que soy muy valiente por atreverme a hacer eso y otras cosas en mi vida, y la realidad es que no me siento valiente, simplemente creo que me aviento a luchar por las cosas que verdaderamente me hacen latir el corazón, y desgraciadamente, somos pocas las personas que podemos hacerlo.

De igual manera, les respondo que claro que siento miedo y temor, si no sería alguna clase de robot sin sentimientos, pero que simplemente ese miedo es mi alerta favorita, porque me hace sentirme viva y que puedo cambiar, moverme, y tomar las decisiones que conduzcan a mi felicidad.

Me fascina sentirme pequeña y poder sentir esos miedos, porque simplemente me dicen que estoy aquí, que estoy viva, que estoy parada en este mundo y que tengo en mis manos el poder de tomar mis propias decisiones. El miedo me dice que soy tan afortunada, que puedo elegir qué hacer con el, y que no pienso quedarme toda la vida dándole prioridad en mi vida.

A mí me gusta poder desglosar el miedo (para poder comprenderlo mejor), y por eso lo divido en estos dos tipos:

 
  1. El miedo paralizador

Hay cosas y situaciones en la vida que no podemos cambiar o controlar, la vida no es color de rosa y cosas horribles pasan. Y aunque creo que la mayoría de las cosas en nuestra vida giran alrededor de nuestras decisiones y acciones, es innegable que hay situaciones que pueden pasar, y que se nos salen de las manos.

Hay veces en las que simplemente, algo nos paraliza tanto que ese miedo no te deja moverte. De alguna manera, ese miedo se apodera de ti y pareciera que se interpone como una gran barrera frente a ti, evitando que puedas actuar e incluso pensar. ¿Te ha pasado?, ¿has estado bajo alguna situación que te cause tanto miedo que ni siquiera te reconozcas a ti mismo?

Es normal, y no es que esté mal, todos hemos pasado por esas horribles situaciones que a veces en la vida se te presentan de sorpresa, y que te desbalancean. Sin embargo, hay muchísimas otras situaciones, en las que el miedo nos paraliza tanto que nos prohíbe de alguna manera, hacer lo que nuestro corazón sienta.

Ese miedo se traduce a una parálisis tal, que afecta nuestro actuar y sentir, y que solamente llega a frenarnos y a privarnos de poder probar tantas cosas. Ese miedo que sentimos ante lo desconocido, muchas veces gana la batalla, y ocupa un lugar tan primordial en nuestras vidas, que dejamos que prácticamente tome las riendas de nuestras vidas.

Te prohíbe actuar, cambiar, elegir, hacer lo que sientas o quieras, amar a quien quieras, decir lo que quieras, por miedo a lo que pueda suceder o lo que los demás puedan decir. Y simplemente, ese miedo hace que no hagas nada, que no te atrevas, y que te acabe comiendo a ti y a tu voluntad.

¿Hay solución? Obviamente, y creo que primeramente (y como en todo en la vida) hay que preguntarnos. Preguntarnos el por qué siento miedo ante cierta situación es el primer paso para poder comprender qué es exactamente lo que sentimos y sobre todo, lo que nos causa tanto temor.

¿Es el miedo a que todo salga no como lo planeé, es el miedo a lo que los demás digan, o es miedo por hacer algo y poder arrepentirte? Razones pueden haber muchas, pero creo que lo primordial es poder atrevernos a hacer un salto interno hasta nuestros verdaderos sentimientos y pensamientos para comprender qué está pasando.

Muchas veces, hay miedos que son infundados o falsos. Sentimos miedo tantas veces por cosas como comentarios que escuchamos, y ni si quiera sabemos si son verdaderamente reales. ¿Verdaderamente a qué le tienes miedo?, ¿te has preguntado qué pasaría si por un instante no pensaras tanto en el miedo de algo que ni siquiera sabes si va a suceder o no?

Tantas veces nuestros miedos son paralizadores y nos frenan, y como lo dije, no es que esté mal, somos humanos. Sin embargo, yo pienso que nos debemos a nosotros mismos poder aprender a lidiar con esos miedos, y que en lugar de que nos paralicen, que sean factores de alerta y acción.

Nadie más va a venir a darnos ese empujoncito que muchas veces nos hace falta para querer hacer las cosas, la realidad es que somos dueños de nuestras decisiones, pero también de nuestros fracasos y aciertos a causa de esas decisiones (muchas movidas por el miedo). Nadie más es culpable, piensa en eso y elige siempre que puedas, que tu voluntad le gane a tus miedos.

2.- El miedo catalizador.

¿Te ha pasado que algo te causa tanto temor que llegas incluso a sentir ganas de ni siquiera salir de la cama para no enfrentarlo? Nos pasa a todos, créeme, y hasta cierto punto es normal, no siempre vamos a estar motivados para salir todos los días con las mismas ganas de comernos al mundo o de luchar por algo.

Lo importante es que, aunque por dentro te estés muriendo de miedo, no dejes que todos tus días se conviertan en un continuo acuerdo en el que elijas no enfrentarte con ellos, porque a veces es muy difícil escapar de eso. Cuando hablamos de esos miedos en específico, esos que hasta nos quitan el sueño, nuestra primera reacción puede ser instintiva y querer huir de ellos.

Sin embargo, cuando decides enfrentarlos cara a cara y no dejas que ganen peso en tu vida, es cuando más libre y fuerte eres. Y es ahí a dónde llegamos a este segundo “tipo” de miedo, que ese miedo se pueda volver un catalizador. Que se vuelva solamente un factor que potencialice tus ganas, tu entrega, tu fuerza y tu voluntad para poder atreverte precisamente a eso que te causa tanto miedo.

Bien dicen que lo que si algún sueño no te causa un gran temor, quizás debas buscar un sueño que sea más grande. Y creo que es completamente cierto, cuando la simple idea de alcanzar algo nos causa tanto miedo, es porque vamos por buen camino, y es ciertamente porque es algo que vale la pena.

El problema llega cuando ese sueño nos da tanto pánico, que preferimos dejarlo de lado y no intentarlo por miedo a lo que pueda llegar a pasar o a que todo salga mal. Pero cuando elegimos cambiar ese paradigma, y nos lanzamos a la aventura de intentarlo, es cuando potencializas tus ganas en acciones.

Las cosas pueden llegar a salir mal, la vida no es color de rosa, pero creo que lo que verdaderamente vale la pena en esta vida es lo que cuesta trabajo, lo que nos hace esforzarnos. Siempre valdrá la pena intentarlo, salir y atreverte a ir por tus más locos sueños, por lo que te mereces, dejar los malditos pretextos e ir por ello, porque el miedo siempre podrá estar, pero el tiempo para esperarte, no.

Muchas personas piensan que los miedos de alguien que decide actuar o cambiar a pesar del miedo que pueda sentir, simplemente se entierran o desaparecen, y la realidad es que no funciona de esa manera. Cuando eliges “dejar de lado” tus miedos para poder aventarte a ser y hacer, no es que éstos desaparezcan por arte de magia y nunca más en tu vida los vuelvas a sentir, simplemente aprendes a vivir con ellos.

Aprender a poder reaccionar a pesar del miedo que podamos sentir es la clave, pero eso no significa que ese miedo se vaya o que sigamos sintiendo el mismo pavor de dar ese paso hacia algo nuevo, simplemente aprendes y sobre todo comprendes que la vida es tan corta como para dejar que tus miedos tengan prioridad en tu vida.

Y a ti, ¿hacia dónde te llevan tus miedos? Puedes enfrentarlos o dejar que se apoderen de ti, yo elijo la primera opción ¿y tú?

  Las Pasiones.

¿Qué es aquello que te genera tal emoción que podrías hacer todos los días sin ningún problema o queja?, ¿qué es lo que verdaderamente te gusta tanto que enciende ese algo dentro de ti a veces inexplicable? 

Sí, estoy hablando de cuál es tu pasión. Hablo mucho de las pasiones en el blog y en mi vida diaria, porque creo firmemente que son algo que se vuelve clave para darle sentido a nuestras vidas. Si vives sin algo que te haga despertarte todos los días, sin algo que te haga vibrar y saltar el corazón, estás desperdiciando tu única vida sin realmente haber vivido.

¿Qué fuerte, no? La realidad es que ¿cuántas veces adornamos la realidad y nos enfrentamos a una vida que ni siquiera nos gusta o nos llena? Pasa, y pasa muchas veces y a más personas de las que te imaginas, yo pienso que es uno de los mayores males que podemos tener en nuestras vidas.

Cuando le dedicamos nuestro tiempo y esfuerzo a algo que no nos acaba por apasionar o por complacer del todo, es cuando los problemas aparecen. Y la razón simplemente se llama que estamos malgastando la única oportunidad que tenemos para poder sentir, crear y vibrar con todo aquello que nos haga latir el corazón. Cuando algo o alguien, no nos da aquello que verdaderamente nos causa pasión y emoción, es (o debería ser) como una alerta que nos diga que por ahí no es el camino, que hay algo que debemos cambiar.

“Esto no es lo que quiero en mi vida y para mí”. Creo que esa es una frase que siempre debemos utilizar en casos ordinarios y de emergencia, en aquellas ocasiones en las que nuestra intuición nos diga que eso que estamos haciendo, es algo que no nos va a llevar a dónde queremos estar mañana, y que ciertamente es algo que no queremos tener en nuestras vidas.

A veces es sumamente difícil querer darnos cuenta de estas situaciones. Los seres humanos vamos cambiando y madurando conforme vamos creciendo (o así debería de ser), pero tantas veces ni la madurez ni la voluntad, van relacionadas con la edad, y a pesar de que la vida nos pida a gritos ese algo que le da emoción y placer, no nos atrevemos a dárselo.

Ahora te quiero pedir algo, piensa en aquello, esa cosa o actividad que amas, te apasiona, te encanta, te llena de emoción cuando la haces. ¿Listo, ya la tienes? Perfecto.

Ahora dime, ¿qué sentiste con el simple hecho de imaginarlo? ¿Lindo, no? Pues ahora piensa y recuerda cómo te sientes cuando estás haciendo o practicando dicha actividad. ¡Es pura magia! ¿Apoco no? Hasta sientes maripositas en el estómago, como cuando nos enamoramos. 

Pues es precisamente esa forma en la que te debes sentir todos los días (o la mayor parte del tiempo). Y digo la palabra “debes”, simplemente porque es algo que te debes a ti mismo vivir, es algo que te mereces. Todos, todos tenemos ese algo que nos apasiona tanto que soñamos hacer siempre porque nos llena el alma, pues sal y trabaja por ello, porque nadie va a venir a tocarte la puerta.

Esa magia es algo inexplicable tantas veces, es simplemente algo que te causa tal emoción que hasta sientes como un suspiro y un fuego recorre tu cuerpo. ¿No crees que vale la pena entonces encontrar ese algo e intentar que esa magia siempre sea algo cotidiano en tu vida?

Yo sé que muchas veces no es sencillo, por miles de razones y de circunstancias que pueden ser ajenas a nosotros. Pero también creo que otras tantas veces, la mayoría de las personas no están dispuestas a arriesgarse, ni a pagar el precio, esfuerzo y tiempo para lograrlo. El poder atreverte es algo difícil y ciertamente es algo que requiere muchas agallas para intentar que esa pasión prevalezca en tu vida.

Estamos aquí en nuestra única vida, lo único seguro es que nos vamos a morir. ¿Por qué no intentar con todas tus fuerzas y medios vibrar y emocionarte siempre, no crees? No dejes que la vida se te escape y un día te encuentres haciendo algo que ni siquiera te gusta, estando con alguien al que no amas, y voltees hacia atrás, arrepintiéndote.

Tú vida es hoy, elige.

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