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Chihuahua: Mis primeras impresiones

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¿Se han preguntado qué es lo que le da felicidad a nuestras vidas?

Es decir, ¿en qué se mide la felicidad de las personas? ¿Con base a qué aspectos podemos decir que alguien es más feliz que otra persona?

Cuando planeé mi viaje al estado de Chihuahua en México, jamás pensé que todas estas, y muchas otras más preguntas se quedarían en mi mente dando mil vueltas. Durante todo el viaje les busqué alguna respuesta basándome en lo que este viaje me enseñó, pero aún las sigo buscando.

Yo siempre digo que viajar enseña, y una de las cosas más impresionantes que podemos aprender cuando viajamos, es humildad. El ver cómo viven otras personas en diferentes rincones en el mundo, hace que valores cien mil veces más lo que eres y lo que tienes.

Para mí, viajar a Chihuahua me enseñó un poder de humildad enorme, fue como si la vida me diera una bofetada y me dijera: Ale, abre bien los ojos, respira, agradece. La gente de Chihuahua fue a la yo le atribuyo esa sensación.

Uno de mis objetivos principales al decidir viajar a este lugar, fue poder fundirme en su ambiente y en su gente. Algo que siempre intento hacer cuando voy a un nuevo lugar, es poder estar cerca de su gente, de las personas que viven ahí porque son de las que más puedes aprender.

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Pero algo muy especial me pasó en Chihuahua, pude estar cerca de una de las etnias más impresionantes que he conocido hasta ahora: Los tarahumaras.

Los tarahumaras son un pueblo nativo de la Sierra Madre Occidental de México, asentados en el estado de Chihuahua. Llevan más de 600 años viviendo aquí, y ocupan un lugar muy importante dentro de la cultura del estado y del país entero.

La palabra rarámuri (que es la lengua que ellos hablan) significa “de pies ligeros”, y su gente es mundialmente conocida precisamente por tener la capacidad innata de correr enormes distancias (más de 100 kilómetros) sin cansarse; ellos mismos se llaman como “los de pies alados”.

Pero también son conocidos por ser una etnia sumamente especial, un pueblo lleno de un misticismo y espiritualidad increíble. Los primeros días de mi viaje, pude conocer más acerca de ellos y de esta magia, al poder estar en contacto directo con algunos de ellos.

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Pude darme cuenta desde el primer instante, de la vibra que transmiten con el simple hecho de que te miren, o de que pasen a un lado tuyo mientras vas caminando. Los tarahumaras son conocidos por ser una etnia que le gusta estar alejada de la sociedad en general, son personas que disfrutan de su soledad y muchas veces no se dejan ayudar por esa razón.

Después pude investigar más profundamente acerca de sus costumbres, pero también acerca de algo que me dejó con la boca abierta: Su filosofía de vida. Los tarahumaras creen en el sol y en la luna, en una naturaleza que “ha caído del cielo”, en lo esencial.

En las montañas tarahumaras todo habla de lo esencial. De lo simple, de lo sencillo, de los principios bajo los cuales se ha formado la naturaleza. Y los tarahumaras viven conforme a esos principios: El hombre, la mujer, la familia, su día a día, sus festividades, el viento, las tempestades, las heladas, los silencios y el sol; todo fluye de la manera en la que debería, nada falta y nada sobra.

Creen en un Dios justo, que les da el equilibrio y control para controlar su conducta. El mal para los tarahumaras, no consiste en un pecado, para ellos los pecados como tal no existen porque creen que el mal es la pérdida de la conciencia.

Para los tarahumaras, es mucho más importante poder resolver sus altos problemas filosóficos, que los preceptos de la sociedad actual. Los tarahumaras están de alguna manera “obsesionados” con la filosofía, que no hay entre ellos un gesto perdido o uno que no tenga un sentido filosófico directo.

Todo esto me dejó absolutamente impresionada: recuerdo que después de conocer todo esto, me senté en la banca de un parque a pensar y mi mente volaba hasta rincones que jamás imaginé.

No necesité que me dijeran mucho (y no lo hicieron), para poder entender un poco más a este pueblo. Sus peculiares y expresivos ojos negros me hablaban de alguna manera, se les veía felices y plenos a pesar de que quizás en su vida hayan probado un pedazo de carne o que hayan ido a comer a un restaurante, por ejemplo.

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Pude comprender un poquito del por qué su calma y tranquilidad, valen más que tener cualquier pertenencia o comodidad. Ellos se levantan todos los días y ven el amanecer nacer a través de las increíbles barrancas y cañones y no se preocupan, no se estresan o se enojan porque se levantaron tarde 5 minutos y les tocó mucho tráfico o porque hay mucha fila en el banco.

Para ellos, vale más poder despertar e irse a dormir sabiéndose limpios internamente, que tener una enorme casa llena de pertenencias. Ellos son felices así, meditando entre las montañas, filosofando, caminando largas distancias, cocinando con leña para toda su familia o viviendo en su casita de madera.

La razón entonces de todas mis preguntas que les comentaba arriba, surgieron justamente con todo esto que empecé a ver y sentir.

Me di cuenta de una manera increíble, de lo sencilla que puede ser la vida. Entendí que verdaderamente, las cosas más increíbles que tenemos, son las más simples y sencillas: El poder levantarnos todos los días sanos, poder caminar, ver el sol salir por nuestra ventana, bañarnos en el mar o ver un cielo plagado de estrellas, poder abrazar a la persona que amas.

Los placeres sencillos de la vida son a veces los que menos valoramos. Vivimos tan inmersos en la rutina, en la vida de la ciudad y en el estrés diario que nos nubla la vista y el corazón. Vivimos cada día, pensando con qué cosas materiales llenarnos, en lugar de comprender que lo más sencillo es lo que suele darnos más felicidad.

Valorar lo que tenemos cerca: el silencio, el cielo, la tranquilidad, la sencillez, la amabilidad, es algo que creo que todos deberíamos hacer más seguido.

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Hoy puedo decirles con toda la certeza, que la gente de Chihuahua es de las más amables que he conocido; siempre brindando bondad y amabilidad en todo lo que hacen. Pero también puedo decirles que viajar por este estado me hizo mejor persona, me hizo un poquito más humilde y más agradecida.

Este estado del norte de México es sencillamente impresionante en toda la extensión de la palabra. Para entender a Chihuahua, hay que vivirlo, hay que sentirlo y saborearlo con calma y tranquilidad.

Mil veces me hablaron de las Barrancas del Cobre y de sus cañones, pero el poder estar ahí, poder ver con mis propios ojos esas montañas, sentir esa calma y ese silencio, respirar ese aire puro, es algo indescriptible.

Los invito a ir a Chihuahua a maravillarse de las mil formas en las que yo lo hice, vayan a un estado lleno de gente amable y de bondad, de naturaleza increíble y llénense el alma y el corazón.

Entonces, ¿qué le da felicidad a tu vida?

¿Se han preguntado qué es lo que le da armonía y felicidad a sus vidas? ¿Verdaderamente la felicidad forzosamente viene de las cosas materiales que tenemos o de lo que la vida nos brinda por el simple hecho de existir?

¿Qué le da sentido a tu vida, qué te hace levantarte todos los días? 

Y tú, ¿por qué eres feliz?

 

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